The Future is Female

 


    «¿De qué va tu historia?», me preguntó un escritor, al cual llamaremos Chinaski Promedio, cuando le dije que yo también era escritora; acto seguido, al escuchar mi respuesta, me dijo: «Ah, tú eres una de esas feministas que piensa que la literatura debe hacerse de mujeres». Si no agregó el XD a la conversación es porque al señor le gusta parecer culto.

    Sí, soy una de esas escritoras que nacieron con vulva y que, por ende, gusta de escribir historias de vulvas; historias de mujeres, con amigas mujeres, con arcos personales independientes a cualquier hombre. ¿Acaso es que hay una regla no establecida, pero universalmente aceptada, en donde tenemos que escribir acerca de hombres? Porque de ser así, no lo siento, estamos para romper las reglas.

    La verdad es un tema incómodo. Lo veo en revistas, en críticas de YouTube, en charlas casuales con cultos universitarios y en el gremio de escritores, esos que son un montón de Hemingways no descubiertos con el hilo negro de la literatura en sus manos, siempre capaces de escribir historias “únicas” y maravillosas que, por lo regular, siempre hablan de lo mismo: Hombres siendo hombres y sufriendo en medio de todos sus privilegios.

    Ah, a la literatura le encantan los hombres sufriendo.

Una mujer, para que se la reconozca como escritora, pintora, investigadora o lo que sea, tiene que hacer veinte veces más que un hombre, tiene que ser una fuera de serie. No hay apenas mujeres reconocidas en ninguna profesión, pero el mundo está lleno de célebres hombres mediocres.

    Gloria Fuertes, poetisa española, dijo: "Una mujer, para que se la reconozca como escritora, pintora, investigadora o lo que sea, tiene que hacer veinte veces más que un hombre, tiene que ser una fuera de serie. No hay apenas mujeres reconocidas en ninguna profesión, pero el mundo está lleno de célebres hombres mediocres". Y no puedo más que estar completamente de acuerdo con ella, pues en mi experiencia rodeada de escritores y escritoras, me he encontrado con que las mujeres siempre sufrimos de ese mal llamado síndrome del impostor; mientras que los hombres, sin importar qué tan malos sean como escritores, se consideran a sí mismos la reencarnación de “insertar aquí autor random que aparece en una lista de internet como clásico”.

    ¿Me molesta esa situación? Ya no. Probablemente parezca lo contrario debido a esta entrada; pero lo cierto es que, como mujer y feminista, estoy más que acostumbrada a que el ego masculino sea frágil y caigan en crisis cuando alguien no apoya su onanismo literario. Lo siento, Chinaski Promedio, este no es una historia en donde tú eres el protagonista.

    ¿Me costó romper con el patrón? Sí, y mucho. Como escritora, he iniciado mi vida en las letras como lectora, teniendo un gusto particular hacia ciertos géneros y estilos que, para mi desgracia, están plagados de hombres. ¿Realismo Sucio? Cuento con los dedos de una mano a las escritoras que se han decidido a romper los patrones y clichés de las mujeres dentro de la literatura, pues el síndrome de “la virtuosa” es algo que, por desgracia, aún no rompemos del todo.

    ¿Fantasía? El héroe de protagonista, y tú, mujer, buena compañera/amiga/interés amoroso que hace magia y ayuda a todos con su candor. ¿Realismo? Deja que te cuente la historia de un hombre sufriente que llora aún más por una mujer que no lo sabe amar y/o sufre por aquella inocente mujer que de tan pura ya es etérea. ¿Thriller? ¿Terror? ¿Ciencia Ficción? Los hombres siempre serán protagonistas y salvarán al mundo al puro estilo de USA en cualquier película de acción. Lectora, tu función también es simple: sentir empatía por aquellas mujeres que están en la historia para ser solo una cosa: ser mujer.

    Y a la mierda con eso.

    Me gusta el realismo sucio. Sobriedad, minimalismo, adverbios y adjetivos al mínimo; una forma de expresarse en contra del sistema, en contra de la rutina, de lo cotidiano; de esos antihéroes que a veces resultan más villanos e historias que van más de la mano con la moral torcida que te encuentras todos los días que con un ideal devoto digno de una fantasía conservadora judeocristiana. ¿Mi problema? No suele ser un género para mujeres porque se tiene esta mala creencia de que, como seres con vulva, solo vivimos a través de la emoción, los sentimientos y la fantasía.

    Ah. Qué ridículo.

    Las mujeres somos tan sórdidas como cualquier hombre; sufrimos por culpa del capitalismo despiadado y sí, también odiamos al SAT y a los políticos; vivimos más allá de nuestro rol social de madres, hermanas, hijas, parejas; y ni siquiera podemos definirnos como “solo mujeres” cuando somos seres humanos por demás complejos que poseemos toda clase de problemáticas, sueños, ideas, conflictos. ¿Por qué entonces no escribir al respecto? ¿Por qué, en todo caso, limitarnos a ser simplemente mujeres?

    La mujer dentro de la literatura tiene que romper dos estigmas. El primero, como autoras; pues debemos desligarnos de la idea general que los hombres han impuesto en el “escritora” para de esa forma escribir lo que se nos pegue en gana sin tener que pedirle a ninguno su opinión o su permiso. En segunda, el papel de las mujeres dentro de la literatura como personajes, uno que no tiene que estar ligado a su “función” sino a su “ser”, independientes a las acciones que un personaje femenino tiene dentro del escrito y en relación con los hombres de la escritura. ¿Se puede lograr? Por supuesto, pero para eso es importante no encasillarnos en ningún papel.

    El feminismo dentro de la literatura es crucial; no solo porque este nos enseña a ampliar los horizontes de cualquier personaje femenino dentro del mismo escrito, sino porque nos enseña a nosotras, como escritoras, a no depender de los puntos de vista masculinos al momento de crear. El camino es largo, sí, pero necesario a transitar si lo que pretendemos es romper con los esquemas.

    No, la literatura no es universal como nos enseñaron; la literatura es masculina, y si lo que pretendemos es ser escritoras, entonces debemos desligarnos de la definición; romper con esos estereotipos de sexo y género que nos limitan al momento de escribir y tomar nuestro propio rumbo. ¿Por qué seguir creando historias para ellos, en función a ellos, cuando nuestro público debe ser femenino? ¿Por qué depender de la idea de qué son ellos quienes deciden qué es y qué no es literatura?

    Dejen que los hombres sigan con la idea de querer ser Bukowski; es momento que nosotras nos mostremos y hagamos literatura de mujeres para mujeres, con protagonistas mujeres, que no se limiten a ser solo mujeres. Escriban seres, escriban lo complicado que es resaltar en un mundo de hombres, los sueños y ambiciones que compartimos, la fuerza que cada una posee, los matices de nuestro carácter y también el amplio abanico de nuestras personalidades. Escriban, sí, mujeres, pero no porque deban escribir a una mujer a partir de un sentimiento o de la idea de un hombre; escriban mujeres reales, cotidianas, esas con las que convivimos día a día y que no necesariamente tienen que ser “buenas y abnegadas” porque, como todas las personas, poseen una complejidad propia.

    Escribe mujeres. Escribe literatura de mujeres. Escribe literatura feminista que cause incomodidad a cualquiera que ya está por demás cómodo dentro de su status quo; rompe los estereotipos, pisotea el estigma. La literatura, como toda Arte, está hecho para trasgredir, no para darle sobadas de lomito a aquellos que siempre han estado en la cima; y si un hombre escritor o crítico viene y te censura, entonces es porque lo has hecho bien, porque tu voz se ha hecho tan fuerte que ni siquiera los tapones de su privilegio son capaces de callarte.

    Amiga, escribe para ti y para otras mujeres; escribe lo que se te de la gana y con la metodología que prefieras. Escribe, escribe y no quieras ser medida a través de los estándares que los hombres han impuesto para nosotras. ¿Lo demás? Lo demás no importa, que solo sirva como anécdota en tu historia de triunfo; y si alguno viene y te canta que lo que haces no es literatura, contesta: Y a quien no le gusta que se joda.

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