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Por Salvador Fernández Cención
Desde hace mucho se dice que el acceso a la preparación académica no debe ser un privilegio, sino un derecho. En eso creo que nadie podría estar en contra.
Pero si el Estado no lo ofrece, por falta de capacidad o por renunciar a su responsabilidad, surgen automáticamente otras ofertas. Pueden venir desde centros religiosos, de grandes empresas que preparan personal para sus propios intereses. Y aquí sí tendría que ser irrenunciable que toda educación pase por un filtro gubernamental y que esa educación no termine formando a los propios enemigos de la nación.
Y aquí hago una crítica al Estado, no por exceso, sino por omisión. No le pedimos que invente reglas nuevas. Las reglas ya existen. Existe la Ley General de Educación, existe el RVOE. Lo que exigimos es que asuman el papel que les corresponde y que ejerzan su obligación.
Desde grupos conservadores argumentan que la educación no debe ser adoctrinamiento. Pero no quieren el adoctrinamiento del pensamiento crítico. Nada que forme seres pensantes. Lo que sí quieren es el adoctrinamiento con mirada empresarial, donde se promueve el individualismo y se combate a la colectividad.
En las últimas décadas aparecen universidades y, sin ser despectivo, algunos las consideran universidades patito. Donde te inscribes, pagas y, si no te mueres en el lapso de tiempo que lleva una supuesta carrera en línea, te titulas.
Y no es exageración. Evaluaciones de la Academia Mexicana de Ciencias señalan que solo 10% de las instituciones privadas de educación superior cuentan con certificación de calidad. Es decir, el 90% opera sin ella. Cada año en México se revocan en promedio 1,180 programas por falta de calidad, pero aparecen 2,000 más. Es un mercado que vende diplomas y títulos.
A menudo ofrecen en la red profesiones que no te explicas cómo se ejercerán. Si todo es visto y aprendido en tutoriales, en TikTok, en cápsulas de 15 segundos. Imaginen a un médico veterinario interviniendo una vaca. A un abogado litigando un homicidio. ¿Creen que un profesional así tendrá la capacidad moral e intelectual para ejercer?
Y muchas escuelas a distancia terminan siendo un fraude porque estafan a estudiantes que tienen deseos genuinos de capacitarse. Su única infraestructura es un programa. Pueden desaparecer de la noche a la mañana dejando en el vacío a los interesados. La propia SEP advierte: si no tienen RVOE, no hay título ni cédula válida.
Sin ser expertos, se ve algo peligroso: tenemos que poner atención en manos de qué profesionistas nos ponemos cuando requerimos un servicio.
Tener cuidado qué universidades se eligen ya no alcanza. Hay que exigir que el Estado haga su trabajo y aplique la ley que ya existe. Porque cuando una profesión se obtiene por paga, ya no hablamos de conocimientos al servicio. Hablamos de mercado. Y todo lo que se compra o se vende es mercancía. Hasta la educación y los conocimientos.

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